Nada que contar. Nada que pensar. Sólo el abandono de los sentidos, del cuerpo desnudo. Es tarde, quizá muy tarde. Hace calor, y el calor es viscoso y negro; y se adhiere pegajoso a mi pecho resbalando zigzagueante y salado hacia mi vientre en una caricia envenenada de la que no podré escabullirme y a la que me entrego callado y sin fuerzas; y la noche se alarga sin prisas y sin preguntas que alteren su pereza somnolienta. Van pasando las horas a un ritmo insólitamente lento, y es tan ilimitada y plena la soledad de la noche que coqueteo con el sueño para que demore su viaje; y el sueño se aleja entre bostezos y espera acurrucado en un rincón envuelto él también en sueños. De repente, entregado al mayor de los abandonos, a la lejos, a penas entreoída, una voz salada, apacible, grave, desolada, carnal susurra… “Je t'invite au voyage, je t'invite à partir… je t'invite au désir” una y otra vez… Surgida de no sé dónde y sin avisar me invita –en el sudor y el fuego de la noche y en la inmovilidad del aire– al viaje y a partir y a desear. Y me aventuro por la ventana y el bochorno pegajoso de la noche se convierte con un guiño apacible en cómplice de la invitación al viaje, a partir, a desear. Sus garras abrasadoras se desprenden de mi cuerpo desnudo y se convierten en una ligera nave en la que me alejo perplejo tras el rastro de la voz, que se divierte jugando al escondite y dejando pequeños rastros inundados de palabras que hablan de noche y deseos afiebrados, de palabras que no hablan…
sábado, 7 de agosto de 2010
martes, 11 de mayo de 2010
Skrunda-1
Foto: © www.kappas.fi
Skrunda-1 es –bueno, fue– una ciudad soviética construida ex novo en el oeste de Letonia, en una inquietante nebulosa de ciudades fantasmas en torno a bases militares. La particularidad de Skundra-1 se basa en que era una de las principales bases de detección de misiles de intercontinentales hasta que fue disuelta y abandonada en 1991, año en que entró en el fantasmagórico mundo de las ciudades, aldeas, pueblos abandonados y fantasmagóricos.
Me gustan los pueblos abandonados, las estaciones de tren en desuso, el persistente olor a vida que se percibe en el letargo de ciertas aldeas despobladas desde hace tiempo, expulsados sus habitantes de siglos por el clima, la pobreza, con ese aire fantasmagórico y romántico del lugar vivido. Pero Skrunda-1 tiene, en sus fotos, el aire de espacio habitado, que no vivido: bloques idénticos unos a otros, anchas y rectas avenidas. Su abandono, tras una corta vida, apagada con el fin de la guerra fría, es más una pesadilla de cuento de terror –del que el inquietante “1” de su propio nombre parece ser sólo el comienzo de una larga saga– que del suave declive de los lugares abandonados poco a poco. Apareció en el mapa de igual manera que desapareció: de la nada y a la nada.
Foto: © Arnis Balcus. En balcus.blogspot.com. Muy interesantes las fotos de este fotógrafo.
Falto de recursos económicos, el gobierno letón sacó a subasta la ciudad entera y, cosas del destino, fue un grupo empresarial ruso quien la compró, quién sabe para qué, ¿quizá para alzar un parque temático en recuerdo de los viejos tiempos?
viernes, 29 de enero de 2010
En donde se habla de carne porcina y vida sexual
La sexóloga Fernández (Cristina), también conocida por Kirchner (Cristina también) que, en sus ratos libres y, como hobby, es presidenta de Argentina, dio ayer –distendida y risueña– una conferencia magistral sobre vida sexual e ingesta de carne porcina. Que sus palabras fueran pronunciadas en un acto para impulsar la producción porcina no resta valor alguno al contrastado hecho científico. Fernández, que no es sólo una científica teórica sino que comprueba en sus carnes (nunca mejor dicho) sus teorías dijo, entre carcajadas de los empresarios porcinos, que ella come mucha carne de cerdo y que “es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar viagra”. Ya se las ingeniarán los laboratorios para hacer pastillas de “pigra” (por lo de pig, cerdo) o “cerditiagra” de cerdito a la parrilla con olor y sabor a domingo en el campo. Y, esto es cosa mía, más barato y más sabroso. Tras este gran descubrimiento de la señora Fernández, se estarán ya frotando las manos los segovianos y sus conocidos cochinillos. ¡Cerditiagra natural, sabrosa, crujiente! “La grasa que produce el cerdo –palabras de Cristina Fernández, aka Kirchner– es muy parecida a la grasa del ser humano. Es menos nociva que la grasa de la carne vacuna”. ¡Ajá! Entonces, si comiéramos humanos a la parrilla, ¿tendría el mismo efecto? Mejor no darle ideas. “El anterior fin de semana, cuando estuvimos en Calafate nos comimos un cerdito a la parrilla riquísimo, al aire libre. (Esto, digo yo, lo del aire libre, debe ser fundamental para potenciar su efecto afrodisiaco). Continúa ella: “No sólo me comí la carne, sino también el cuerito crujiente. Y anduvo todo muy bien el fin de semana, así que puede ser que tengan razón”. ¿Será más afrodisiaco el “cuerito” o la carne? No es para tomárselo a risa, es algo serio. A Newton le daba por mirar cómo se caían las manzanas al suelo y no salían volando, y nadie discute su valía científica. Lo mismo podría haberle dado por ver caer peras. Pues ella cerdito a la parrilla y no merluza o avestruz o algas, ¡qué sé yo!…
Pero yo me hago una pregunta, ¿qué pasará cuando en lugar de estar entre empresarios porcinos orondos y felices ante sus entusiastas palabras sobre cerditos y cueritos esté, por ejemplo, entre empresarios del sector pesquero, lechero, avestrucero, tomatero, conejero, lechuguero, caviarero (el caviar es afrodisiaco, ¿no?, o ¿simplemente lo es porque es caro?) y un largo etcétera sin fin para apoyar su industria, ¿qué nuevas experiencias contará?
¡Humanos todos, a comer carne de cerdo con su cuerito! ¡Cuerito de cerdo crujiente mañana, tarde y noche, madrugadas y atardeceres! ¡Cerdito a la plancha al aire libre en parques, playas, caminos, solares, senderos, mansiones, praderas y prados, avenidas, descampados, eriales, callejuelas… el aire libre es vuestro, ocupadlo, ocupadlo con cerditos y más cerditos a la parrilla!
Como Fernández & Kirchner ya no son unos jovenzuelos quizá recuerden a Jane Birkin y Serge Gainsbourg en Je t'aime, moi non plus, que es la sintonía perfecta para un domingo de cerdito a la parrilla al aire libre… carne y carne y cuerito. Aquí os la dejo a todos.
Pero quizá sea más apropiado, si el festín de cerdito y cuerito y todos sus posibles itos sin hache no tiene lugar un soleado día campestre sino en una tibia noche de verano en alguna playa lejana, como banda sonora –fundamental siempre en nuestros actos de toda índole y objeto– el rock sinfónico de Pink Floyd y su Pigs.
miércoles, 13 de enero de 2010
Lhasa de Sela
Lhasa de Sela ha muerto. El 1 de enero. En Montreal. Tenía 37 años. Se llamaba Lhasa por la capital del Tibet, un nombre ideal, según su madre, para un bebé sonriente y de ojos rasgados. Hija de un profesor mexicano y una fotógrafa estadounidense, nació en una autobús escolar y pasó una infancia nómada con sus padres y hermanos en ese viejo autobús sin luz, ni agua corriente, y con gato, loros, tortugas y perro. Cantaba en inglés, castellano y también en francés desde que se fue a vivir a Montreal. Durante un tiempo se dedicó al circo con sus hermanas Ayin, Myriam y Sky. La conocí navegando (¿volando?) por la red hace algún tiempo ya de forma casual y me hipnotizó su voz, su inclasificable estilo nacido de una vida nómada, de una infancia hippy, en la que a falta de otras diversiones ella y sus hermanas leían y montaban espectáculos. Sus canciones, mezcla de música latinoamericana, folk, klezmer, francesa… me atraparon desde ese día en que la descubrí paseando por la red. Canciones de invierno, de noche, sin fronteras claras. Su voz perdurará y eso es un regalo para todos.
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