miércoles, 13 de enero de 2010

Lhasa de Sela






Lhasa de Sela ha muerto. El 1 de enero. En Montreal. Tenía 37 años. Se llamaba Lhasa por la capital del Tibet, un nombre ideal, según su madre, para un bebé sonriente y de ojos rasgados. Hija de un profesor mexicano y una fotógrafa estadounidense, nació en una autobús escolar y pasó una infancia nómada con sus padres y  hermanos en ese viejo autobús sin luz, ni agua corriente, y con gato, loros, tortugas y perro. Cantaba en inglés, castellano y también en francés desde que se fue a vivir a Montreal. Durante un tiempo se dedicó al circo con sus hermanas  Ayin, Myriam y Sky. La conocí navegando (¿volando?) por la red hace algún tiempo ya de forma casual y me hipnotizó su voz, su inclasificable estilo nacido de una  vida nómada, de una infancia hippy, en la que a falta de otras diversiones ella y sus hermanas leían y montaban espectáculos. Sus canciones, mezcla de música latinoamericana, folk, klezmer, francesa… me atraparon desde ese día en que la descubrí paseando por la red. Canciones de invierno, de noche, sin fronteras claras. Su voz  perdurará y eso es un regalo para todos.








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